Muestra

[Almacén de Asombros]

Viernes, 6 de enero de 2017 17:07 Ángel Gilberto Adame

El jugador de ajedrez

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A la memoria de Arturo González Cosío

Además de la pasión por la literatura y la política, compartí con Arturo González Cosío el gusto por el ajedrez. A diferencia de la calidez con que obsequiaba su amistad y sus disquisiciones, al sentarse frente al tablero afloraba su veta más competitiva. Aunque nunca lo vi perder la compostura, mis recuerdos más vívidos lo sitúan las tardes de los sábados con la mirada fija en el rostro de su oponente, como si quisiera abismarlo.
La perseverancia de Arturo fue una de sus características más entrañables. Su inteligencia y su talento artístico eran admirables, pero su obstinación lo obligaba a perfeccionarse en las habilidades más diversas. Logró disciplinar su escritura poética para asimilarla al haikú y adiestró su memoria para que fuera fiel cronista de sus viajes. La obsesión por afinar su juego, a la que se dedicó con una minuciosidad casi marcial, lo aproximó a la estirpe de Juan José Arreola y Luis Ignacio Helguera, esos seres movidos por la enigmática fascinación de un campo de batalla compuesto por 64 escaques y 32 piezas.
La tradición ajedrecística, de origen impreciso, ha inculcado en sus más altos exponentes la cercanía con la fatalidad. Los ejemplos abunda...