Muestra

[Epicentro]

Domingo, 14 de mayo de 2017 21:11 León Krauze

El niño malcriado enfrenta el abismo

La patada en el trasero al director del FBI es un pecado mayúsculo porque demuestra a qué grado Trump cree razonable pisotear instituciones que le son adversas

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Que no quepa duda: la inédita destitución del director del FBI durante una investigación que involucra al propio presidente de Estados Unidos ha puesto a Donald Trump al borde del abismo. La salida de James Comey pinta a Trump como un hombre irascible, testarudo y —ahora resulta— notablemente torpe en el ejercicio más elemental de la política. No solo eso: todas las versiones del proceso detrás del despido de Comey dan cuenta de un presidente poco interesado en el consejo de sus asesores o en las lecciones de la historia. Los errores de Trump han puesto incluso en entredicho su estabilidad mental. Una fuente de la Casa Blanca compartió hace unos días con el Washington Post su temor de que Trump esté viviendo una suerte de perenne “delirio paranoide”. No parece una exageración.
De pronto, la presidencia de Trump roza la auto-parodia. Como ejemplo basta la reciente visita a la Casa Blanca de Sergey Lavrov, el canciller ruso, que se dio el lujo de burlarse de una periodista estadounidense que le preguntó si el reciente despido del director del FBI te...