Mauricio Merino
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es doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Ha escrito y coordinado varios libros y ensayos sobre su especialidad. Fue presidente del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública; ha sido profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), en El Colegio de México (COLMEX), en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

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Domingo, 12 de abril de 2026 17:05 Mauricio Merino

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Uno de los rasgos distintivos de los regímenes autoritarios es la anulación de contrapesos al ejercicio del poder. Cobijados en el supuesto de la superioridad moral, las autoridades asumen que su misión fundamental es obedecer las instrucciones giradas desde la cúpula de sus gobiernos. No tienen cargos, sino encargos. Y compiten entre sí para llevar más y mejores prendas para saciar los deseos de quien encabeza el grupo quien es, a su vez, la única fuente de poder y la única legitimada para encarnar la voluntad del pueblo.
México ya es, tristemente, una autocracia electoral. Y en estos días hemos atestiguado varios ejemplos del guion autoritario. Me cuesta decidir cuál de ellos es más notable: si los alegatos de las ministras y ministros de la Corte (Popular) de Justicia, que han esgrimido galimatías para entregarle más poder a las autoridades hacendarias o para desandar la jurisprudencia destinada a imponer límites a los abusos burocráticos; o el inefable comunicado de la CNDH que descalifica al comité de Naciones Unidas que documentó el gravísimo problema de las desapariciones forzadas; o el espectáculo que han montado las y los legisladores de Morena para justificar una reforma dizque electoral destinada a boicotear la pluralidad política o para permitirle a...