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27/02/26 - Comunicae

Human Performance advierte que una cultura sólida impulsa la rentabilidad y la retención de talento

La cultura deja de ser un discurso aspiracional para convertirse en una variable crítica de negocio


Durante años, la cultura organizacional fue considerada un concepto "soft", asociado a valores declarados, iniciativas aisladas de clima laboral o mensajes simbólicos con impacto limitado en los resultados. En la actualidad, dicha aproximación resulta insuficiente. En un entorno caracterizado por alta presión competitiva, la cultura funciona como el sistema que habilita o restringe la ejecución real de la estrategia.

Datos de Gallup indican que las organizaciones con niveles elevados de compromiso pueden incrementar su rentabilidad hasta en un 21 % y su productividad en un 17 % en comparación con aquellas con bajo compromiso. Estas cifras muestran que la cultura no constituye un elemento accesorio, sino un factor que influye directamente en el desempeño operativo.

De acuerdo con el análisis de Juan Pablo Ventosa, consejero de Administración y miembro de la Real Academia Europea de Doctores, especialista en liderazgo estratégico y alineación cultural, el desafío principal de muchas empresas no radica en la ausencia de planes estratégicos, sino en la falta de evaluación rigurosa sobre si su cultura está preparada para ejecutarlos.

El Global Culture Survey de PwC señala que el 94 % de los ejecutivos considera que una cultura sólida es clave para el éxito empresarial; sin embargo, solo una minoría indica que su cultura está verdaderamente alineada con su estrategia. Esta brecha permite explicar fenómenos como el estancamiento organizacional, la rotación elevada de talento o la incapacidad para sostener procesos de transformación.

Según Ventosa, la cultura no corresponde a lo que la empresa declara, sino a lo que de manera sistemática permite y recompensa. En ese punto se define la coherencia entre la intención estratégica y el comportamiento cotidiano.

Los efectos derivados de una cultura mal gestionada también se reflejan en el capital humano. Los equipos con bajo compromiso presentan mayores niveles de ausentismo y rotación, lo que genera costos directos e indirectos significativos. En contraste, las organizaciones que gestionan su cultura de manera deliberada fortalecen su capacidad de atraer y retener talento clave.

En el ámbito de la innovación y la adaptación, la cultura adquiere un papel aún más determinante. Estudios del MIT Sloan Management Review señalan que las organizaciones con culturas basadas en confianza, responsabilidad y colaboración presentan mayor resiliencia frente a cambios del mercado y transformaciones tecnológicas.

Ventosa sostiene que la cultura no sustituye a la estrategia, pero determina su viabilidad. Cuando se reconoce que el comportamiento cotidiano de los líderes constituye el principal mensaje organizacional, la cultura deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una palanca de gestión.

En un escenario caracterizado por transformación digital, competencia global y evolución constante de las expectativas del talento, la cultura organizacional emerge como un diferenciador estratégico medible. Su omisión ya no representa únicamente un riesgo reputacional, sino un riesgo operativo.

Desde esta perspectiva, la pregunta central para los equipos directivos no se limita al diseño de la estrategia, sino a la capacidad real de la cultura organizacional para sostenerla bajo presión.


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Pie de foto: La cultura, activo invisible
Autor: Human Performance

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